La paradoja del streaming: pagar más para ver menos

La paradoja del streaming: pagar más para ver menos
Photo by Kelly Sikkema / Unsplash

Hace tiempo que nadie se sorprendería si digo que la calidad del contenido disponible en las plataformas de streaming ha caído considerablemente en los últimos años. Esto no quiere decir que no haya películas y series de muy buena calidad, pero muchas veces la experiencia usando estas plataformas se ve truncada por detalle que parecen menores, pero que no lo son. Pero lo peor no es el bajón en la calidad o la disponibilidad fluctuante de contenido, sino cómo te das cuenta de que hemos llegado a un punto sin retorno.

Muchos deseábamos la llegada de Netflix a nuestro país, confiando en que nos sacaría del oscuro mundo de los Torrent.

Recuerdo como si fuese ayer cuando para ver la última serie de estreno en Estados Unidos (o Reino Unido) había que utilizar métodos poco convencionales y cómo muchos deseábamos la llegada de Netflix a nuestro país, confiando en que nos sacaría del oscuro mundo de los Torrent y nos daría acceso a un sinfín de series y películas de calidad y a la vez que al resto de los mortales. Sorprende ver cómo se ha desarrollado todo desde finales de 2015, casi diez años después el panorama global del streaming ha cambiado radicalmente, pasando por momentos buenos, malos y hasta hemos tenido unas Streaming Wars de por medio (si no siguen todavía). Pero lo que más me ha sorprendido ha sido ver como en menos de 10 años hemos pasado de tenerlo todo a no tener nada. Os lo explico con un par de ejemplos.

La oferta

Recientemente he vivido en primera persona lo absurdo del panorama del streaming en nuestro país al intentar ver con mis hijos algunas películas clásicas de los 80. Tras haber visto E.T.Los GooniesLa Historia Interminable o Karate Kid, pensé que era un buen momento para dar un paso más y embarcarnos en las aventuras de Indiana Jones. "Total, son cinco películas. Esto nos da para varias tardes de cine y, siendo películas de Lucasfilm, las tendremos todas en Disney+", pensé inocentemente.

Craso error. Por diversos motivos, Disney ha decidido vender los derechos de la trilogía original de Indiana Jones y la cuarta película de la saga (Indiana Jones y la Calavera de Cristal) a otras plataformas de streaming. Como resultado, en Disney+ solo está disponible Indiana Jones y el Dial del Destino (la última película de la saga, estrenada en 2023). Primera alerta.

El siguiente paso lógico era buscar las películas en otras plataformas. "Seguro que en alguna está disponible", pensé. Y no me equivocaba. Una búsqueda rápida en Amazon Prime arrojó resultados de las películas clásicas de la saga, pero con un pequeño problema: para poder ver Indiana Jones y el Arca Perdida o Indiana Jones y el Templo Maldito era necesario tener una suscripción adicional a SkyShowtime. Segunda alerta.

Es decir, no basta con estar suscrito a Disney+, a pesar de que Lucasfilm es un estudio propiedad de Disney. Tampoco a Netflix, que históricamente ha tenido el catálogo más amplio. Ni a Amazon Prime, que anuncia esos títulos como disponibles. Tras llevar ya unos 70€ en suscripciones, todavía necesito sumar 7,99€/mes por SkyShowtime. No dudo de su gran catálogo, pero si a esto le agregamos suscripciones a otras plataformas como Max (HBO) y Apple TV+, el gasto en streaming empieza a ser desorbitado. En ese momento, vuelves a plantearte si no es mejor volver a los infames Torrent y empezar a acumular en un disco duro series y películas que nunca volverás a ver.

La necesidad de monetizar el contenido genera frustración al no saber dónde ni cuándo estará disponible un título en una plataforma

Puede parecer un caso extremo, pero lo mismo me ha ocurrido con otros títulos, como La Princesa Prometida (requiere suscripción a Lionsgate+). Esto ilustra uno de los grandes cambios en el panorama del streaming: el maltrato al usuario. La necesidad de monetizar el contenido genera frustración al no saber dónde ni cuándo estará disponible un título en una plataforma. Parece algo menor, pero cuando tienes claro lo que quieres ver, no hay nada peor que tener que participar en una búsqueda del tesoro improvisada para encontrarlo (si tienes suerte).

La calidad

Para evitar que los usuarios vayan saltando de una plataforma a otra, los servicios de streaming han apostado por la exclusividad de contenido. Y la mejor manera de conseguir contenido exclusivo es creándolo uno mismo. En su día, los contenidos originales fueron el mejor reclamo. Aunque en España la cosa no fue tan sencilla debido a acuerdos de distribución con Movistar para series como House of Cards o Juego de Tronos, pero la calidad general de las producciones era bastante alta.

Sin embargo, producir series originales no es barato. Lo que la crítica ensalza no siempre es rentable, y a menudo el dinero prima sobre la calidad. En las escuelas de negocios se estudiaba el caso de House of Cards y Netflix como un ejemplo de cómo un algoritmo y el Big Data habían diseñado una serie de éxito, seleccionando trama, actores y directores basándose en datos. Es curioso cómo ese mismo algoritmo ha cancelado series con un fanbase sólido y buenas críticas simplemente porque los números no cuadran.

En estos tiempos de redes sociales, consumo inmediato y éxito fugaz, parece que se olvida un factor clave: la fidelidad

Esto genera un círculo vicioso: los contenidos más masivos sobreviven y el algoritmo sigue proponiendo la producción de series y películas del montón (garbage in, garbage out), con algún destello puntual que destaca entre públicos más selectos. No critico que un negocio busque rentabilidad, pero en estos tiempos de redes sociales, consumo inmediato y éxito fugaz, parece que se olvida un factor clave: la fidelidad. Mantenerse suscrito a una plataforma depende de un catálogo atractivo, más allá del fastcontent que sean capaces de generar.

Repetir una película es común. Si te gusta, la ves otra vez después de unos meses o años. Con las series, es más raro, pero cuando ocurre, es porque han conectado realmente con el espectador. He vuelto a ver muchas series (Friends, Lost, The Office, The West Wing, Fringe...), y tengo otras pendientes de un segundo visionado. Sin embargo, no hay ninguna serie original de streaming que haya visto dos veces. No quiero decir que no haya series dignas de ser vistas de nuevo, quizá con el paso de los años The Crown o The Marvelous Mrs. Maisel tengan su oportunidad, pero de momento siguen en la parte baja de mi lista de prioridades.

Es posible que 9 de cada 10 nuevos suscriptores se den de alta en una plataforma de streaming atraídos por las últimas series y películas de estreno. Sin embargo, la misma facilidad con la que se suscriben también aplica para darse de baja. Es ahí donde entra en juego el suscriptor fiel, aquel que valora un catálogo amplio con opciones para todos los públicos y gustos. Y luego estoy yo, que, a pesar de todo lo que he dicho, sigo pagando por más plataformas de las que me gustaría porque no logro salir del bucle.

Probablemente mi punto de vista sea simplista o limitado y me falte información sobre el funcionamiento de la industria. Pero como usuario diario de estas plataformas, he sido testigo de un gran cambio en el modelo de negocio y en la forma de crear contenido. Al final, no puedo evitar sentir nostalgia y pensar, como buen abuelo cebolleta, que "cualquier tiempo pasado fue mejor, pero no tanto".

¿Y qué pasó con Indiana Jones?

Para los curiosos que hayan aguantado leyendo hasta el final os confirmo que la forma que tuvimos de ver Indiana Jones y el Arca Perdida fue rescatando mi pack de DVD de la trilogía original y conectando nuestro viejo reproductor de DVD. Fue fascinante y un poco frustrante revivir los infames menús animados de los DVD, pero también fue una buena manera de eñseñarle a mis hijos cómo veíamos las películas "antiguamente".

Javi Riestra

Javi Riestra

Standard nerd. Data Analytics. Star Wars. Atlético de Madrid.
Madrid